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ALGO MÁS QUE
PALABRAS MODAS Y MODOS QUE NOS VICIAN
Hay modas que matan la vida. Poco respeto, compasión y sensibilidad,
muestran esas gentes que, a golpe de talón, televisan sus desviaciones de
homosexualidad, y se prestan a la chirigota, con sus ademanes y comportamientos,
muchas veces forzados, porque en realidad su condición no es homosexual, y en
cualquier caso, siempre fuera de lugar y tono. Hay modos que
vician al hombre. Días de orgullo que repelen al amor. Sí. El orvallo de
jactancias siempre secciona. Lo que fusiona es la humildad. No es de recibo,
pues, querer recibir, con el mismo status de ley humana, las uniones contrarias
a la ley natural. La familia genera vida siempre. Y la vida es demasiado breve
para que nos la compren para deleite de algunos y nos la vuelvan mezquina. Ser o
no ser, que diría el filósofo, esa es la cuestión.
¡Ay de aquéllos que dicen estar de vuelta de todo y no han ido a
ninguna parte, a lo sumo, a vender sus historias y sus cuerpos por cuatro perras
gordas a la tele! Qué bajo han caído. Y qué alto deseo yo incriminar,
discriminaciones injustas, por razón sexual. Lo cortés no quita lo valiente.
Una persona nula es algo horrible. Pero hay otra cosa peor: un hombre anulado
por dinero, que ha de vivir como homosexual (o bisexual). Resulta
preocupante, además, tantas salidas del armario verdaderamente impuestas, bajo
el fomento de engañosa propaganda. Hemos caído en las garras del consumo.
Estas formas de actuar, no benefician, en absoluto, la comprensión hacia las
personas que realmente tengan esta desviación. De un tiempo a esta parte,
parece que hemos dejado de ser machos y que todos somos de la otra orilla. Pues
no. Es otra forma de dominar a la persona, por parte de un “poder”
interesado de que así sea, de desordenar el orden. No pretendo, pues, con esta opinión, nada más que alentar en favor de la libertad de la persona, también la de los homosexuales. Lo que si critico son esos adoctrinamientos televisivos, donde las personas son auténticos animales del sexo. Casi siempre pagados para que den el espectáculo, donde todo se permite. Así no se ayuda a la homosexualidad. Ni a las personas que la padecen. Porque, todavía en esta sociedad, se sufre esa lacra de señalar con el dedo. Al fin y al cabo, lo importante no es que se reconozca la unión entre homosexuales, sino que se ayude a que estas personas tengan comprensión y puedan realizarse como personas a través del trabajo como derecho y deber, constitucionalmente reconocido. Lo contrario es engañar, viciar el ambiente, errar en la búsqueda de la felicidad. Los vicios adquiridos, también los del sexo, –con poco seso- , son como los huéspedes que de inmediato se adueñan de la casa de uno, sin pedir permiso. En esto, como en tantas cosas actuales, la estrechez de mentes es proporcional a la mentira. Víctor Corcoba Herrero -Escritor-
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